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Lactancio Cristo

Antes que la persona, el nombre. Lactancio, en las Divinae institutiones IV, 7, 4-8 (ed. S. Brandt, CSEL XIX, 1890, p. 293-295), compuestas entre el 304 y el 313, da una explicación sumaria:

(4) Entre los hombres se le llama precisamente Jesús. De hecho, Cristo no es un nombre propio sino una denominación de poder y reino: así en realidad los judíos llamaban a su rey. (5) Pero precisa explicar el significado de este nombre por causa del error de los ignorantes que, cambiando una letra, se acostumbraron a designarlo como Cresto. (6) Los judíos tenían en el pasado la obligación de preparar un ungüento sagrado, con el que pudieran ungir abundantemente aquellos que eran llamados al sacerdocio o al reino; y así como en la actualidad para los romanos el manto de púrpura es el distintivo propio de la dignidad imperial, así para aquéllos la unción del ungüento sagrado confería el título y la potestad de rey. (7) Pero como los antiguos griegos «ser ungido» lo expresaban con chriesthai — mientras que ahora dicen aleiphesthai — como lo indica el famoso verso de Homero tous d'epei oun dmoai lousan kai chrisan elaio, por este motivo nosotros llamamos Cristo, esto es Ungido, a aquel que en hebreo es llamado Mesías. Por esto en algunos textos bíblicos griegos que fueron mal traducidos del hebreo se halla escrito eleimmenos, de aleiphesthai. (8) No obstante, sea con un nombre sea con el otro es designado rey, no porque haya conseguido el reino actual terreno, de cuya toma de posesión no ha llegado todavía el tiempo, sino porque ha obtenido el celestial y eterno.